La política como negocio
Por Chiqui Aguilera
JUEVES, 10 septiembre, 2026. — Las millas acumuladas durante tantos años participando de los procesos políticos permiten ver de todo. He conocido dirigentes extraordinarios, hombres y mujeres entregados a sus comunidades, personas que han sacrificado familia, tiempo y recursos por una causa colectiva. Pero también he visto cómo, poco a poco, la política ha comenzado a convertirse para algunos en un negocio.
Y confieso que nunca pensé leer, en esta media isla, titulares relacionados con la solicitud de reconocimiento de más de cien organizaciones políticas.
¡Más de cien partidos!
Caramba, cuando se empezó a transitar por los caminos de la locura.
La República Dominicana cuenta actualmente con un padrón electoral que ronda los 8.5 millones de electores, incluyendo a los dominicanos residentes en el exterior. En matemática simple, si dividimos esa cantidad entre más de cien organizaciones políticas y los partidos ya existentes, estaríamos hablando, en promedio, de poco más de 60 mil electores por organización.
Por supuesto, la política no puede analizarse únicamente desde una división matemática. Pero el ejercicio sirve para hacernos una pregunta fundamental: ¿qué concepto de democracia estamos construyendo?
¿Estamos fortaleciendo la representación política o estamos convirtiendo la política en un mercado?
Porque una cosa es garantizar el derecho constitucional de los ciudadanos a organizarse políticamente, y otra muy distinta es permitir que cada grupo que logra reunir unos cuantos seguidores, recibir dos aplausos en una actividad o conseguir presencia en redes sociales se considere automáticamente una fuerza política.
Ser líder no es tener una cámara delante, acumular seguidores, no es convocar una multitud una noche.
El liderazgo se construye con tiempo, formación, trabajo, coherencia, sacrificio y compromiso con la sociedad.
Y creo que llegó el momento de hablar con claridad sobre la necesidad de que la República revise seriamente las reglas para el reconocimiento y la permanencia de los partidos políticos.
Se trata de proteger la democracia que tanto ha costado.
AUTOR: Chiqui Aguilera
Se necesitan organizaciones políticas fuertes, con estructuras reales, propuestas ideológicas, dirigentes preparados, presencia territorial y capacidad de representar sectores de la sociedad. No necesitamos una multiplicación infinita de siglas, logos, colores y candidaturas sin contenido.
Ya con la cantidad de organizaciones existentes tenemos suficiente, es más, creo que son demasiadas sabiendo el pueblo que pocas cumplen verdaderamente una función política.
Incluso, habría que revisar seriamente el desempeño y los aportes de muchos de los partidos que ya existen. ¿Qué proponen? ¿Qué representan? ¿Qué han impulsado? ¿Qué papel juegan fuera del período electoral?
Porque un partido político no puede existir únicamente para aparecer cada cuatro años, negociar alianzas y esperar los recursos que corresponden de financiamiento por la Junta Central Electoral.
Ahí está una de las grandes preocupaciones.
Cuando la política comienza a verse como una visión económica, el partido como una empresa y la candidatura como un producto, entonces la democracia empieza a perder.
Indignante y preocupante es que más de cien solicitudes de partidos políticos pueden convertirse en un insulto al sentido común y en una amenaza al sistema. Hay que insistir en reglas que separen el legítimo derecho a la participación política de la intención de convertir una organización electoral en un mecanismo de beneficio particular.
El relajo es con orden.
No quiero entrar en particularidades ni mencionar nombres. Hay personas a las que respeto profundamente, incluso personas que considero familia. Pero precisamente por el respeto que le tengo a la política y a quienes han dedicado su vida a ella, creo que hay conversaciones que debemos tener.
Llegó el momento de legislar con mayor claridad, revisar la ley 33-18 de partidos, agrupaciones y movimientos políticos, observar requisitos, profundizar en la rigurosidad. Exigir presencia real y comprobable en el territorio nacional. De evaluar periódicamente el desempeño de las organizaciones. De cancelar o retirar el reconocimiento a aquellas que no cumplan con su función democrática.
Rubén Blades lo expresó magistralmente en una de sus canciones: hay que trabajar, estudiar y ser gente primero.
Quizás ahí está una parte importante de la respuesta.
Porque la política no puede seguir siendo vista como el camino más corto para obtener poder, influencia o dinero.
Ya está bueno.
Respetemos la clase política.
Respetemos la democracia.
Y, sobre todo, respetemos al pueblo dominicano.
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