El valor electoral de Raquel Peña

 
La vicepresidenta de la República, Raquel Peña. foto de archivo

El verdadero valor electoral de Raquel Peña consiste en que puede ayudar a conectar territorios y sectores diferentes.

Por Marino Beriguete

LUNES, 14 SEPTIEMBRE 2026. — Raquel Peña tiene un valor electoral que quizás todavía no ha sido medido correctamente. No hablo de candidaturas presidenciales ni de colocar su nombre en la lista de quienes quieren ocupar el Palacio Nacional. Hablo de algo mucho más concreto: cuánto puede aportar Raquel Peña a un proyecto político que pretenda continuar gobernando después de 2028.

Joaquín Balaguer repetía una frase que conocían bien los políticos de su generación: “Como marcha Santiago, marcha el Cibao, y como marcha el Cibao, marcha el país”. Balaguer entendía el peso político, económico y electoral de una región que muchas veces ha terminado inclinando las grandes decisiones nacionales. Y al santiaguero le gusta sentir que la placa 01 o la 02 también pertenece a su territorio.

Raquel Peña pertenece a Santiago.

No por una circunstancia electoral ni porque algún estratega haya descubierto recientemente la importancia del Cibao. Allí nació, allí desarrolló una parte fundamental de su vida profesional y académica, y desde allí llegó a una candidatura vicepresidencial que pocos imaginaban antes de 2020.

Seis años después, su situación resulta distinta.

Peña tiene presencia nacional, pero conserva una relación particular con Santiago. Esa combinación representa un activo importante para el PRM. Un partido que pretenda permanecer en el poder después de ocho años de gobierno tendrá que conservar buena parte de la coalición electoral que llevó a Luis Abinader dos veces a la Presidencia. Y para conseguirlo necesitará cuidar especialmente el Cibao.

Ahí Raquel tiene valor.

No necesita llegar a Santiago a presentarse. Tampoco necesita construir apresuradamente una relación con sus sectores empresariales, académicos y sociales. Esa relación pertenece a su trayectoria.

Pero reducir su importancia a Santiago sería equivocarse.

El verdadero valor electoral de Raquel Peña consiste en que puede ayudar a conectar territorios y sectores diferentes. Tiene entrada en el empresariado, reconocimiento entre profesionales, relaciones con dirigentes políticos y una imagen moderada ante ciudadanos que no participan directamente en los partidos.

Además, ha pasado seis años en el Gobierno sin convertirse en una figura de confrontación.

Eso cuenta. Los gobiernos que buscan continuidad enfrentan siempre un problema: necesitan defender lo realizado y, al mismo tiempo, evitar que todo el desgaste acumulado termine sobre la candidatura que representará al partido oficial.

Raquel puede ayudar precisamente en ese punto.

Tiene suficiente cercanía con Abinader para representar una parte de su obra y suficiente perfil propio para comunicarse con sectores que podrían comenzar a distanciarse del Gobierno cuando se acerque el final del mandato.

Su valor, entonces, no debería medirse preguntando qué cargo buscará.

La pregunta correcta sería otra: ¿cuánto necesita el PRM a Raquel Peña para conservar el poder?

Probablemente mucho.

Porque las elecciones no se ganan solamente con candidatos. Se ganan conservando territorios, evitando rupturas, sumando sectores y colocando alrededor de una propuesta personas capaces de generar confianza.

Cuando comience realmente la batalla de 2028, el PRM tendrá nombres, aspiraciones y conflictos internos. Tendrá también que recordar algo mucho más sencillo: para continuar gobernando necesita volver a ganar.

Y entonces aquella vieja frase de Balaguer recuperará sentido: como marche Santiago, marchará buena parte del Cibao; y como marche el Cibao, puede terminar marchando el país.

En esa cuenta electoral, Raquel Peña no será un nombre secundario.

Será una pieza que nadie inteligente debería despreciar.

Demuéstrame que estoy equivocado…

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