EE. UU. completa retirada de Irak tras dos décadas de presencia militar

La salida de las últimas tropas estadounidenses abre interrogantes sobre la influencia de Irán y la seguridad frente al Estado Islámico.

EN BAGDAD, miér., 30 sep. 2026. — 29 de septiembre de 2026.– Estados Unidos se prepara para retirar las últimas fuerzas militares que permanecen en Irak, con lo que pondrá fin a más de dos décadas de presencia militar en el país, mientras aumentan las interrogantes sobre el futuro de la seguridad y el equilibrio de poder en la región.

La retirada, prevista para completarse este miércoles 30 de septiembre, forma parte de un acuerdo alcanzado en 2024 entre Washington y Bagdad para poner fin a la misión de la coalición internacional contra el Estado Islámico.

La salida es presentada por Irán y sus grupos aliados como un triunfo, mientras expertos iraquíes advierten que el retiro podría ampliar el margen de acción de las organizaciones respaldadas por Teherán y generar nuevos desafíos de seguridad.

Iraq mantiene relaciones políticas y militares tanto con Estados Unidos como con Irán, dos países que durante años han competido por influencia en territorio iraquí.

Jasim al-Bahadli, analista de seguridad iraquí especializado en grupos armados chiíes vinculados con Irán, sostuvo que la salida estadounidense elimina una presencia militar que durante años funcionó como contrapeso a la influencia de Teherán.

Grupos armados respaldados por Irán también han presentado la retirada como una victoria. Abu Mojtaba al-Yasiri, comandante de la Resistencia Islámica en Irak, calificó el retiro estadounidense como un triunfo para las facciones de la llamada resistencia islámica iraquí.

El Gobierno de Bagdad, sin embargo, ha intentado limitar la influencia de estas organizaciones y avanzar hacia un mayor control estatal sobre los grupos armados.

Estados Unidos invadió Irak en 2003

La presencia militar estadounidense en Irak comenzó con la invasión de 2003, que derrocó al entonces presidente Saddam Hussein.

Washington retiró sus tropas de combate a finales de 2011, pero regresó al país menos de tres años después para apoyar a las fuerzas iraquíes en la lucha contra el Estado Islámico.

La organización llegó a controlar aproximadamente un tercio del territorio iraquí en el momento de mayor expansión de su llamado califato. Aunque perdió el control territorial, mantiene células clandestinas en distintas zonas del país.

Durante las más de dos décadas de operaciones militares estadounidenses en Irak murieron alrededor de 4,500 estadounidenses, según el reporte citado por Forbes México y Reuters.

Temen un repunte del Estado Islámico

La salida estadounidense también genera preocupación entre algunos funcionarios de seguridad iraquíes por la posibilidad de que el Estado Islámico aproveche eventuales vacíos de seguridad.

El comandante kurdo Sirwan Barzani afirmó que las fuerzas estadounidenses aportaban capacidades de inteligencia, apoyo logístico y drones que podrían ser más difíciles de sustituir tras la retirada.

Funcionarios iraquíes también informaron sobre la presunta preparación de ataques suicidas que coincidirían con la salida de las tropas estadounidenses. Las autoridades consideran que estos movimientos buscan demostrar que el grupo conserva capacidad operativa.

Irak asume mayor responsabilidad en seguridad

Con la salida de las últimas tropas estadounidenses, las fuerzas de seguridad iraquíes y las unidades kurdas asumirán una mayor responsabilidad en las operaciones contra grupos extremistas.

El retiro también contempla el traslado de parte de los efectivos estadounidenses que permanecen en el norte de Irak hacia Jordania y otros países de la región, de acuerdo con funcionarios citados por AP.

La salida no necesariamente supone el fin de la cooperación entre Washington y Bagdad. Funcionarios estadounidenses han señalado que ambos países podrían negociar posteriormente una relación bilateral de seguridad.

El escenario que se abre tras la retirada estará marcado por el equilibrio entre el Gobierno iraquí, las milicias respaldadas por Irán, la amenaza residual del Estado Islámico y la relación futura de Bagdad con Washington.

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