La anexión a España y la pérdida de la soberanía

 


Por Lidia Martínez de Macarrulla

EN SANTO DOMINGO, domingo, 16 agosto. —La Primera República, comprendida entre 1844 y 1861, estuvo marcada por conflictos políticos, crisis económicas, rivalidades internas y el temor constante a nuevas invasiones haitianas.

Pedro Santana, quien había desempeñado un papel militar importante en la defensa de la República, terminó desconfiando de la capacidad del país para mantenerse independiente. Convencido de que la protección de una potencia extranjera garantizaría la estabilidad, promovió la anexión a España.

El 18 de marzo de 1861, Santana proclamó la reincorporación de la República Dominicana a la monarquía española. La República dejó de existir jurídicamente y el territorio volvió a convertirse en una posesión colonial.

La anexión encontró oposición desde sus primeros momentos. Francisco del Rosario Sánchez intentó organizar una expedición contra ella. Fue capturado y fusilado en San Juan de la Maguana el 4 de julio de 1861. Antes de morir, defendió el principio de que la nacionalidad dominicana no podía ser entregada.

Desde ahí se comenzó a promover la Independencia Restauradora.

El descontento contra el gobierno español fue creciendo debido a la discriminación, los nuevos impuestos, los abusos administrativos, las restricciones económicas y el trato despectivo que muchos funcionarios españoles dispensaban a los dominicanos.

El 16 de agosto de 1863, un grupo de patriotas encabezado por Santiago Rodríguez inició el levantamiento conocido como el Grito de Capotillo. En el cerro de Capotillo fue izada nuevamente la bandera dominicana y comenzó la Guerra de la Restauración.

La lucha se extendió principalmente por el Cibao y adquirió un profundo carácter popular. Campesinos, pequeños propietarios, comerciantes, antiguos soldados y dirigentes regionales se incorporaron a la guerra. Entre sus principales figuras se encontraron Santiago Rodríguez, Benito Monción, José Antonio Salcedo, Gaspar Polanco y Gregorio Luperón.

Matías Ramón Mella se unió al Gobierno restaurador y ocupó la vicepresidencia y el Ministerio de la Guerra. Juan Pablo Duarte regresó al país en 1864 para ponerse al servicio de la causa. De esa manera, el pensamiento trinitario de 1844 volvió a encontrarse con la lucha restauradora.

Los combatientes dominicanos recurrieron a una guerra de movimientos, emboscadas y ataques rápidos, aprovechando su conocimiento del territorio. España poseía un ejército mejor equipado, pero encontró enormes dificultades para dominar las zonas rurales y enfrentar una resistencia popular cada vez más extendida.

Finalmente, España decidió abandonar el territorio. La guerra, desarrollada entre el 16 de agosto de 1863 y julio de 1865, culminó con la salida de las últimas tropas españolas y el restablecimiento de la República Dominicana.

El Archivo General de la Nación define la Restauración como una auténtica guerra popular de liberación nacional y una continuación de los ideales de los trinitarios.

Había una misma aspiración a través del tiempo:

La Independencia Efímera fue el primer intento de romper los vínculos coloniales con España. La Independencia Nacional de 1844 fundó la República Dominicana. La Restauración recuperó esa República después de que su soberanía fuera entregada en 1861.

Núñez de Cáceres abrió el camino; Duarte definió el ideal de nación; Sánchez y Mella hicieron posible la proclamación, y los restauradores demostraron que el pueblo dominicano estaba dispuesto a combatir nuevamente para recuperar su libertad.

Por eso, más que tres episodios aislados, fueron tres etapas de una misma búsqueda histórica: el derecho de los dominicanos a gobernarse por sí mismos, conservar su identidad y defender la existencia de una República libre, independiente y soberana.

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