Altagracia: La anciana que construyó su propia "casa" de cartón
Ha convertido las aceras de la calle Correa y Cidrón esquina Wenceslao Álvarez, en pleno Distrito Nacional, en su hogar.
Ella vive en las aceras de la Zona Universitaria, en la capital, en medio de la inseguridad ciudadana y la falta de comida
EN SANTO DOMINGO, martes, 25 agosto 2026. — En la esquina donde el bullicio académico choca con el caucho sobre el asfalto de la ciudad, Altagracia Rodríguez desafía a diario la intemperie.
Entre basura, cachivaches y el constante rugir de vehículos, esta mujer ha convertido las aceras de la calle Correa y Cidrón esquina Wenceslao Álvarez, en pleno Distrito Nacional, en su hogar.
Oriunda de la provincia de Dajabón, en la línea noroeste, Altagracia sobrevive en una improvisada choza de cartón y madera levantada sin base sólida.
Su rostro, marcado por los años y las necesidades, contrasta con la lucidez con la que relata su historia, mientras cuenta que cada amanecer entre las bocinas de los vehículos y el paso apresurado de los transeúntes es un nuevo desafío, al igual que la inseguridad, la oscuridad y el hambre.
A pesar de la dureza de la calle, la vulnerabilidad de Altagracia ha despertado la empatía de quienes transitan por la zona universitaria.
En una conversación informal con el fotógrafo Guillermo Burgos,, Rodríguez reveló que los agentes de la Policía Nacional, lejos de retirarla por la fuerza, le muestran compasión y, de vez en cuando, le llevan alimentos.
A este apoyo se suman los vecinos de la Zona Universitaria, quienes se han convertido en sus ángeles de la guarda, facilitándole platos de comida ante la absoluta imposibilidad de cocinar en su precario refugio.
La soledad, a pesar de tener familia, hace aún más impactante la historia de doña Altagracia, que durante su juventud dice que cursó una carrera en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), muy cerca de donde hoy sobrevive.
Hoy, agobiada por el olvido de los hijos que asegura tener, su existencia transcurre suspendida entre el deseo de que ellos regresen a buscarla y el anhelo más profundo de su vida: conseguir un techo propio y un espacio digno donde pasar en paz sus últimos años.
Al igual que la historia de Altagracia, en República Dominicana son muchas las personas que viven a la intemperie.

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