HERMANAS Y AMIGAS DE LA VIDA

 

Por Jenny Matos

"En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia." Proverbios 17:17.

VIERNES, 03 DE JULIO, 2026.-- En nuestra infancia y adolescencia, las personas pensaban que éramos hermanas de sangre, y es que nunca desmentimos esa aseveración. En realidad, éramos como hermanas de crianza, porque vivimos prácticamente juntas. Lo que sí es cierto es que somos primas dos veces, con apellidos invertidos: Matos Moreta y Moreta Matos. Hasta nuestras primas en común de ambos lados sabían que había algo más profundo entre nosotras; éramos amigas de la vida.

No éramos parecidas físicamente, aunque muchas veces nos vestíamos iguales. Nuestros temperamentos eran muy diferentes; no entiendo cómo andábamos juntas. Quizás esas diferencias eran las que nos complementaban. Algunos decían: “Las inseparables”.

Hubo un tiempo de distancia. Creamos familias, trabajos, profesiones, labores y un sinfín de cosas que levantaron una muralla entre nosotras. Como pasa con las hermanas gemelas separadas al nacer, así nos separamos: sin pleitos, sin enfados, pero nos cortamos con el cuchillo de las múltiples ocupaciones.

En mis últimas vacaciones en República Dominicana, el año pasado, la distancia entre ambas se achicó y volvimos a compartir de una forma inesperada. Todo empezó con un café. Pese a que estamos separadas por todo el océano Atlántico, ese viaje volvió a unir algo que se había roto.

A pesar de la separación y la distancia, nunca dejamos de amarnos, pero en tiempos de angustia nos volvimos más dependientes la una de la otra.

Mi hijo me contó una anécdota de cómo escuchó a alguien hablarte mal mientras exigía un servicio en tu puesto de trabajo. Al escuchar tu nombre, te defendió diciendo que eras su tía y que no aceptaba insultos hacia tu persona. Cuando le preguntaste quién era y respondió: “Michael”, no sabías quién era hasta que mencionó de quién era hijo. Palideciste. Los chicos crecen rápido; cinco años sin verlos y ya ni los conocemos.

Has sido una hermana y amiga de la vida. Nuestras actas de nacimiento lo confirman, pese a que los apellidos estén invertidos, tan invertidos como nuestros temperamentos. En algunas cosas somos como  vinagre y aceite, pero nos fusionamos cuando nos agitan y nos separamos en la quietud, manteniendo siempre esa línea que nos recuerda que cada una está de su lado, pero dentro de un mismo envase.

Te quiero, prima. No tengo que decir tu nombre, Mildred. Que tengas el mejor cumpleaños del mundo, en tu mundo. ¡Hay hermanas que son amigas y hay amigas que son hermanas! Hay primas que son algo más, algo que no sabemos ni nombrar; que, aunque diferentes, son inseparables.

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