Capitán Héctor Lachapelle Díaz: La entrega de un guardián de la memoria constitucional

 Por Andrés Julio Rivera Bazil / Facebook

LUNES, 27 DE JULIO 2026. — Cuando hablamos de héroes, muchas veces pensamos en figuras públicas mayores que la vida. Pero Héctor Enrique Lachapelle Díaz no fue leyenda fantástica: fue hombre de carne y de ideas, convencido de que la disciplina y la dignidad eran dos caras del mismo ideal. Su vida —desde Villa Altagracia hasta el corazón del fuego revolucionario— es testimonio vivo de lo que significa conjugar mando con humildad, doctrina con sacrificio, historia con compromiso.

Nacido el 25 de febrero de 1939 en Villa Altagracia (entonces parte de la provincia San Cristóbal), hijo de Luis Enrique Lachapelle Urbáez y Mercedes Díaz de Lachapelle, creció en una familia de valores cristianos y disciplina cívica.

Cursó la primaria en el Colegio Santo Tomás y la secundaria en la Escuela Normal Presidente Trujillo, en Santo Domingo.

En 1957 ingresó a la Academia Militar “Batalla de Las Carreras”, egresando en 1959 como segundo teniente. Su excelencia lo llevó más tarde a Panamá, a los fuertes Gulick y Sherman (Zona del Canal), donde obtuvo el grado de experto en selva y fue graduado de honor en el curso de infantería. Allí comenzó su vocación paralela de docente militar, siendo invitado a servir como instructor.

El golpe de Estado de septiembre de 1963 marcó una fractura moral. Lachapelle, fiel al ideario constitucional del profesor Juan Bosch, se negó a respaldar al Triunvirato, lo que lo llevó a ser perseguido y cancelado de las filas.

Su esposa, Gladys Bello Veloz, valientemente denunció esa situación en la prensa nacional en 1964, convirtiéndose en símbolo de resistencia civil.

Ese año, la joven pareja se convirtió en núcleo de conspiración cívico-militar. Gladys funcionó como enlace logístico y su nombre quedaría inmortalizado en la contraseña del levantamiento:

“¡Feliz cumpleaños, Gladys!”, fue la señal acordada para iniciar la insurrección constitucionalista del 24 de abril de 1965.

Cuando estalla la revuelta, Lachapelle se integra de inmediato. Desde el primer día su liderazgo se impone en la coordinación de los comandos operativos. En pocas jornadas es nombrado Jefe de Operaciones del Bando Constitucionalista, responsable directo de la planificación táctica y de la distribución de fuerzas entre los frentes de combate urbano.

Crónicas contemporáneas —como las recogidas por La Voz Dominicana y El Nacional— lo ubican en las primeras escaramuzas en el perímetro del Palacio Nacional y el sector de Ciudad Nueva.

Su conducta profesional y su serenidad bajo presión lo convirtieron en un referente para oficiales jóvenes y combatientes civiles.

> Su figura sintetizó el raro equilibrio entre disciplina militar y convicción democrática: luchó con fusil, pero pensó con Constitución.

Pocos meses después del alto al fuego y del repliegue constitucionalista, la tensión política se reavivó. En diciembre de 1965, cuando las fuerzas leales al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó se concentraban en el Hotel Matum de Santiago, el general Lachapelle —entonces jefe de operaciones constitucionalista y hombre de confianza de Caamaño— participó activamente en la coordinación y protección de los mandos reunidos allí.

El encuentro tenía como propósito reorganizar el bloque constitucionalista y reafirmar la continuidad del liderazgo de Caamaño ante las amenazas del sector militar conservador.

Lachapelle fue uno de los oficiales asesores de línea operativa, encargado de establecer comunicaciones, evaluar rutas de evacuación y asegurar la defensa del perímetro, junto al coronel Juan María Lora Fernández,  Héctor Aristy Pereyra, Eleazar Montás Bazil, y otros oficiales comprometidos.

El ataque al Hotel Matum —una emboscada político-militar que buscó eliminar el liderazgo constitucionalista— dejó muertos y heridos, entre ellos al propio Lora Fernández.

Lachapelle sobrevivió de manera casi providencial, y su testimonio posterior sobre la masacre se convirtió en fuente valiosa para historiadores y periodistas.

> “En Matum, la historia no se apagó: se reescribió con sangre y con lealtad”, dijo años después en un acto conmemorativo.

Su presencia en aquel episodio —valiente, técnica y silenciosa— demuestra que su compromiso no concluyó con el fin formal de la Revolución de Abril, sino que persistió hasta los últimos coletazos del proceso constitucionalista.

Tras 1965, el general Lachapelle dedicó su vida a reestructurar la educación castrense. Fue Inspector General del Ejército, G-1/G-4, Director de la Academia Militar “Batalla de Las Carreras”, y Agregado Militar en Bélgica, Holanda, México y Ecuador.

También ocupó cargos civiles —Subsecretario de la Presidencia para las FF.AA. y Secretario de Estado sin Cartera— y se distinguió como divulgador histórico en prensa y televisión.

Sus cápsulas y columnas sobre historia militar formaron parte del acervo educativo del país, ayudando a crear conciencia patriótica y cívica en las nuevas generaciones de oficiales.

El Senado de la República lo declaró Hijo Meritísimo de la Patria (2013) por sus aportes a la constitucionalidad, docencia y cultura castrense.

La Academia Dominicana de la Historia le rindió homenaje en 2008.

En 2025, durante los actos del 60.º aniversario de la Revolución Constitucionalista, la Comisión Permanente de Efemérides Patrias le otorgó la Medalla Conmemorativa.

Su esposa Gladys Bello Veloz y sus hijos Héctor, Rafael Tomás, Josie Altagracia y Jackie Estrella Lachapelle Bello, junto a su yerno Adolfo Rodríguez y nietos, han continuado custodiando su memoria con dignidad y constancia.

César Medina (Listín Diario, 2012) lo definió como “el más destacado académico militar dominicano, símbolo de ética y de profesionalismo”.

Academia Dominicana de la Historia (2008) lo incluye en su registro de maestros e historiadores de doctrina militar.

FUNGLODE, Diccionario Cultural Dominicano, confirma su papel como Jefe de Operaciones Constitucionalista.

Domingo Núñez y Pedro Genaro recogieron testimonios y fotografías que consolidan su narrativa visual.

Su vida es una lección de coherencia moral. Pudo haber seguido el camino fácil del acomodo militar, pero prefirió la vereda peligrosa de la lealtad constitucional.

Dejó claro que un militar auténtico no se mide por la cantidad de combates que libra, sino por la fidelidad a los valores que lo guían.

En la historia dominicana, Héctor Lachapelle Díaz encarna la síntesis entre profesionalismo, ética y docencia.

Es un puente entre los hombres de armas y los hombres de letras; entre la acción y la reflexión.

Su legado continúa iluminando los pasillos del Ejército Dominicano, las aulas donde enseñó y los actos patrióticos donde su nombre sigue siendo pronunciado con respeto.

1939: Nace en Villa Altagracia (San Cristóbal)

1957–1959: Formación en la Academia Batalla de Las Carreras

1963: Curso de selva en Panamá, graduado de honor

1964: Perseguido por su lealtad a Bosch

24 abril 1965: Jefe de Operaciones Constitucionalista

Diciembre 1965: Participa en la defensa del Hotel Matum, Santiago

2008: Reconocimiento de la Academia Dominicana de la Historia

2013: Declarado Hijo Meritísimo de la Patria

2025: Recibe medalla conmemorativa del 60.º aniversario del 65

Héctor Enrique Lachapelle Díaz pertenece a esa rara estirpe de soldados que no buscan la gloria personal, sino el honor colectivo.

Su memoria no es sólo la de un combatiente; es la de un educador, un constitucionalista y un dominicano que jamás se rindió ante la injusticia.

Hoy su nombre, ligado a San Cristóbal y a la Revolución de Abril, es símbolo de profesionalidad democrática y de conciencia nacional.

Fuentes confirmadas:

Academia Dominicana de la Historia (2008);

FUNGLODE – Diccionario Cultural Dominicano;

Senado RD – Resolución 01546 (2013);

Listín Diario, César Medina (2012);

HOY (2015);

Comisión Permanente de Efemérides Patrias (2025);

Testimonios de Domingo Núñez, Pedro Genaro y prensa constitucionalista (1965–2024).

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